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viernes, 29 de enero de 2016
miércoles, 11 de febrero de 2015
El fin del mundo - Apocalipsis en Valencia (Parte 3 - Fin)
Las puertas de
las habitaciones también estaban diferentes. Hice un gesto y Carras cogió uno
de los cuchillos y me siguió. Xoco se quedó en el salón cuidando de Lucía, por
si acaso la herida hacía reacción. Empezamos el registro de las habitaciones.
Lentamente abríamos la puerta y… nada; hasta que llegamos a la última
habitación. Escuchamos algo moverse y nos preparamos por si teníamos que luchar
por sobrevivir. Respiramos hondo y abrimos la puerta. Una bala paso entre
nosotros y con un acto reflejo nos pusimos a cubierto. Escuchamos como alguien
nos amenazaba con matarnos si entrabamos. Empezamos a gritarnos y, poco a poco
nos tranquilizamos, acabamos hablando y logré convencerlo de que me dejara
entrar a mí solo para ver si nos podíamos beneficiar todos de una ayuda mutua.
Al entrar mi sorpresa fue enorme, pues tenía delante de mí a Karlos Arguiñano.
No pude evitar comentarlo en voz alta y aquel extraño se ofuscó y empezó a
soltar maldiciones. Entre grito y grito, lo que pude distinguir fue su enfado,
enfado porque siempre le confundían con él –Al parecer era un hermano suyo, no
tan conocido y que vivía a la sombra del gran cocinero- Aprovechando el
despiste del hombre Carras irrumpió en la habitación y lo redujo; le quitamos
el arma y recogimos su maletín.
Nos reunimos
todos en el salón. Empezamos a fisgonear los documentos del maletín y Xoco
encontró algo muy tentador -“Un proyecto
sobre terrorismo biológico”- En cuestión de segundos todo se desmadró. Yo tenía
el arma en la mano, el extraño se negaba a compartir información, todos
gritaban alterados y… algo me hizo clic
en el cerebro y un único pensamiento cruzó por mí mente –“Valentí y María han
muerto por su culpa”- mi reacción fue encañonar al desconocido y disparar. De
no ser por la rápida reacción de Carras, su muerte pesaría sobre mi conciencia.
Un golpe en mi brazo desvió el disparo. Sólo le acerté en la oreja. El gesto me
costó perder la custodia del arma y tener que sentarme “castigado”. Carras
salió al balcón para tomar aire e intentar darle una nueva perspectiva a la
situación; pero entró tan pálido y alterado que nos temíamos lo peor, y sus
palabras confirmaron el temor –Hay una horda de zombis entrando en el edificio-
No tardamos en escuchar los ruidos por las escaleras, recogimos todo cuanto
pensamos que nos sería útil, nos armamos y discutimos sobre la mejor forma de
escapar. El tiempo se nos echó encima, y algún que otro zombie también, nos
abrimos paso hasta la azotea a golpes y forcejeos. Por la escalera de
emergencia conseguimos llegar a la calle; el coche del falso Arguiñano estaba
aparcado cerca. Subimos y empezamos a huir de la zona. Decidiendo a donde ir,
fuimos embestidos por coches del ejército. Recuerdo verlo borroso todo por
haber perdido las gafas y un fuerte pitido en el oído. Todo ocurrió muy rápido,
nos rodearon, amordazaron y cargaron en los coches.
Desperté no sé cuánto
tiempo después aquí, en la base. Nos reunieron a Xoco, Carras y a mí. Nos
explicaron que habían detenido al hombre que conducía, acusado de terrorismo y
que estaban trabajando en una cura a partir de la sangre de la chica que venía
con nosotros, después de haber sido sometida a una revisión siguiendo el protocolo
nacional de seguridad, ya que la mordedura de su brazo parecía no haber
reaccionado. Mientras nos explicaban todo esto, un hombre con bata entró y dejó
un maletín sobre la mesa. Al abrirlo vimos tres jeringuillas. Nos miramos. El
soldado que nos hablaba desenfundó su pistola, la dejo encima de la mesa y nos
dijo –Chicos. Tenéis dos opciones. Os sometéis voluntariamente a probar la
vacuna o…- la frialdad con la que miró
el arma nos hizo responder con unanimidad. Nos sometimos a la prueba y… bueno. Aquí
estoy. Hablando con usted sargento. El resto de la historia ya la conoce…
lunes, 13 de octubre de 2014
El fin del Mundo - Apocalipsis en Valencia (Parte 2)
-Hago una pausa y bebo un poco de agua para calmar los nervios y
recomponerme- Lo que habíamos vivido hasta ese momento nos había parecido una
locura, pero la verdad es que la pesadilla sólo acababa de empezar. Solamente
habían transcurrido unos minutos desde que habíamos dejado la sala de espera de
aquella clínica y un coche patrulla aparcó delante de la puerta. Uno de los
agentes bajo y nos preguntó si estábamos todos bien. –La tristeza
del recuerdo anida en mi mente. El dolor y la culpa se reflejan en mi
cara. –Debí haber permanecido callado pero por desgracia para él no fue así.
Sin pensar en el protocolo de seguridad que estaban siguiendo les dije que si
podían ayudarnos con nuestro amigo Valentí, que estaba herido y necesitábamos ayuda.
Sin dejarme acabar la frase el policía desenfundó el arma y observó la herida
de Valentí, sin decir nada a nadie disparó.
El ruido del arma nos
golpeó a todos. Aquella jodida broma no pensaba acabar nunca… sin duda alguna
el peor trago fue para Xoco. Ver morir a Valentí fue algo que nunca podremos
olvidar. Pero sin duda alguna fue algo que rompió a Xoco por dentro. El policía
se alejó un poco de nosotros y nos pidió que levantáramos las manos, quería
pasar inspección. En ese momento todos pensamos en Lucía, también había sido
mordida y viendo la suerte que había corrido Valentí no esperábamos un final
distinto para ella. Mientras el agente hacía la ronda de inspección ella
intentaba cubrirse la herida, mientras Carras y yo nos miramos entendiendo que,
si el agente pretendía disparar a Lucía tendríamos que hacer algo. Los dos
asentimos y esperamos a ver qué era lo que ocurría. Cuando el agente le pidió a
Lucía que le enseñara los brazos esta se mostró reticente; bajo amenaza de
pistola acabó cediendo y el policía vio la herida. Carras y yo nos volvimos a
mirar. Contando mentalmente para abalanzarnos y cuando estábamos preparados
para cometer la locura, el arma empezó a bajar poco a poco. El agente se
dirigió al coche y le dijo a su compañero que estábamos limpios.
La tensión acumulada
del momento se liberó de golpe y estuve a punto de vomitar. Cuando pensábamos
que por fin éramos libres, el agente nos preguntó cómo se había contagiado
nuestro amigo. Tras un breve silencio Xoco le explicó al policía todo lo
sucedido con mi compañera de piso. El agente palideció al escuchar lo de la
mordedura provocada por mi compañera y mirándome me grito de forma desagradable
–“¿Dónde vives?”- tensé los músculos y me mantuve en silencio. Ya había muerto
alguien por mi culpa y no pensaba dejar que se repitiera de nuevo. –“¿Dónde
vives chico? No pienso repetirlo”- Aquella vez la amenaza fue acompañada a
punta de pistola. Alex reacciono frente a la amenaza y le dijo al agente que él
los llevaría hasta el edificio a cambio de la porra que llevaba. Al policía no
pareció hacerle mucha gracia la verdad, nos echó una mirada cargada de aires de
superioridad y tras un pausado silencio despasó la porra y se la tendió a Alex.
–“Más vale que no vayas de listo”- Parece que el juego sin las amenazas no era
el fuerte de aquel agente de policía.
No había suficiente
espacio para todos en el coche así que fuimos andando. La verdad es que el
camino de regreso se hizo bastante más largo. Mi negativa de llegar me costó un
par de golpes y estirones. Una vez en el portar me pidió amablemente a punta de
pistola las llaves y yo le contesté que podía buscarlas si quería, pero que yo
no se las daría. El cacheo no les hizo perder mucho tiempo ya que el pantalón
sólo tenía dos bolsillos. Probaron las llaves y entramos. Alex los acabó de
guiar hasta la habitación, mientras tanto Carras y Yo entramos en la cocina y
nos hicimos con los cuchillos más grandes que encontramos. Recuerdo que estábamos
hablando de algo cuando un par de disparos cortaron la conversación. Supe
rápidamente lo que aquello significaba y solté el cuchillo para correr lo más
rápido posible hacia la habitación de mí compañera. Su cuerpo descansaba inerte enredado en una maraña de sabanas. Su brazo
desencajado y medio arrancado del forcejeo, del intento de escapar de aquella
jaula de tela; y… lo más impactante de todo fue el orificio de su cabeza, el
cual todavía humeaba. Yo me quedé absorto contemplando el cadáver de mi
compañera, ajeno a todo lo que ocurría en la casa. Al volver en mí y salir al
comedor con todos, escuche a Alex despedirse del grupo. Se iba con los
policías. Estos iban a llevarlo a su casa. Quería asegurarse de que su familia
estaba bien.
El golpe de la puerta al cerrarse me ayudó a
concentrarme. La casa estaba diferente… no estaba todo en su sitio. Los papeles
de encima de la mesa estaban de forma diferente a como los habíamos dejado.
Estaba seguro de ello ya que no pudimos empezar la partida de rol.
miércoles, 8 de octubre de 2014
El fin del Mundo - Apocalipsis en Valencia (Parte 1)
Todavía recuerdo el día como si fuese ayer. Aunque
hace algún tiempo que se controló la epidemia la verdad es que no me gusta
recordarlo. Ese día perdí mucho. En realidad todos perdimos mucho. El mundo
perdió la vida…
Habíamos quedado en mi casa
para jugar una partida al Fin del Mundo. Valentí iba a estrenarse como Director
de juego y, además, teníamos a un compañero nuevo de partida. La quedada en el
metro no tuvo el éxito deseado, tal y como estaba acostumbrado el grupo , llegamos
tarde. Hasta las cinco menos cuarto no estuvo todo preparado para empezar
aunque… nunca llegó a llevarse a cabo la partida.
Una de mis compañeras de piso
se encontraba mal y se había quedado descansando en su habitación. – “Un error
fatal para nosotros” - Valentí se cruzó con ella cuando iba al baño y para su
sorpresa ella le atacó. Yo lo vi desde mi silla y la verdad quedé
desconcertado… María no era una persona violenta pero, en ese instante, juraría
que era furia animal lo que inundaba sus ojos y salvajismo lo que movía sus músculos.
Valentí la redujo y la encerró en su habitación. Tras curar el mordisco de su
brazo lo llevamos a una clínica privada cerca de casa ya que la herida se había
puesto fea. Al llegar a la clínica vimos que el caos se apoderaba de Valencia.
La sala de espera estaba a rebosar de moribundos y no pasaron ni dos segundos
cuando la plaga se desató. Valentí quedo inconsciente debido a la fiebre y el
malestar. Acto seguido un hombre se desplomó y convulsionó hasta morir, o al
menos es lo que pensábamos todos, ya que las reglas de la biología se
desintegraron al ver cómo aquel cadáver volvía a la vida. La pobre mujer de
aquel muerto se llevó la peor parte, un mordisco en la yugular y un caos de
dolor y gritos. La sala se sumió en un locura de intentos de sobrevivir y
muertos volviendo a la vida. Carras cargó con Valentí mientras Xoco ayudaba a
Lucía, que en aquel momento había sido mordida, mientras tanto Alex y yo
intentábamos abrir paso hasta la salida.
Una vez fuera atrancar la
puerta fue la mejor decisión que se nos ocurrió, aunque condenamos a algunos
médicos y pacientes a la muerte, la plaga quedó contenida dentro de la clínica.
Intentábamos entender que estaba pasando. Xoco se preocupó por ver la herida de
Lucia. Carras y Yo inmovilizamos a Valentí atándolo a una verja con los
cinturones como medida de precaución, por si decidía volver a la vida.
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