La situación en el banquete no difiere un ápice de la noche anterior salvo que esta vez ningún enano interrumpió y por tanto, Élencor no tardó en aprovechar el menor descuido para escabullirse de sus compañeros. Sin embargo, esto no pasó desapercibido por Cáralos, quién al verle marcharse, decidió seguirle. Álesmir, al comprobar que sus dos compañeros habían desaparecido mientras estaba despistado, decidió imitarlos y marcharse por su cuenta. Quarion, por su parte, no notó la ausencia de sus aliados, pues estaba demasiado ocupado comiendo todas las delicias que circulaban por su mesa. Sin duda, ser un héroe es lo mejor que le ha podido ocurrir a su estómago.
Élencor puso rumbo a una posada de los suburbios, aún no había anochecido pero la encontró cerrada, cosa que le inquietó. Un rápido vistazo le bastó para percir una tenue luz a través de las ventanas. Sigilosamente, acercó sus grandes orejas élficas a la puerta y prestando atención pudo escuchar gentío hablar pero nada de interés. De pronto, se percató de una presencia a su espalda. Al volverse, estaba Cáralos. “Me estás siguiendo.” Le ruge el elfo. “Bueno, ahora somos compañeros, has desaparecido y eso me ha extrañado. Si tienes algún asunto, deberías confiar en nosotros.” “Que te quede claro, no necesito vuestra ayuda y yo resuelvo mis asuntos solo, así que no vuelvas a meterte donde no te llama.”
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lunes, 6 de abril de 2015
Haciendo amigos
martes, 24 de marzo de 2015
¿Trabajando para los malos?
Una vez finalizadas
sus tareas, los cuatro héroes se reúnen de nuevo, se reparten las
ganancias equitativamente y deciden el siguiente paso a tomar. Puesto
que ya es mediodía y todavía no tienen nada que contar a Sombra,
Élencor propone volver a la Bodega del goblin astuto y ver si
finalmente han sido aceptados en el culto a Orcus.
La taberna se
encuentra más despejada que la noche anterior, pero aún así,
el número de maleantes es notable. “Bueno, visto lo bien que se
desenvolvió el semi-elfo la otra vez, creo que debería acercarse él
a ver cómo anda el asunto.” Dice el explorador. Los demás
asienten y este marcha hacia el tíflin que sigue en el mismo lugar
detrás de la barra que ocupaba la noche anterior.
“Vengo por el
asunto que te comentó mi amigo, ya sab…” -comienza a decir
Álesmir al llegar a la barra donde el tabernero limpiaba un jarra
con un trapo que acumulaba más mugre de la que pretendía limpiar-
“SHHH, baja la voz – replica el tabernero agazapándose – aquí
no se puede hablar de eso, vamos atrás.” Ambos marchan a la
despensa, alejados de las miradas curiosas.
“Así que queréis
entrar en el culto de nuestro señor Orcus ¿A qué se debe este
interés? Pregunta el viejo tíflin.
“Llevamos meses
adorando al príncipe oscuro, pero ya estábamos cansados de ser
meros aduladores, queríamos algo más… Ritual. Ser de utilidad a
nuestro señor.”
“Ya veo… De
acuerdo, como tienes buenas referencias hemos decidido daros una
oportunidad, pero primero tendréis que superar una prueba.”
“Pues di cual es.”
El posadero le
informa de que en tres días llegará un carruaje y que deberán
saquearlo y apoderarse de su contenido. Cuando Álesmir comparte la
información con el grupo, Élencor se muestra reacio a la idea. “No
quiero tener nada que ver con saqueos, eso es cosa de bandidos.”
Tras una larga charla, logran concretar un plan para asaltar la
caravana sin tener que provocar daños a terceros y así evitar toda
similitud con los tan detestados – por Élencor – bandidos. Ahora
que tenían toda la información, es momento de ir al segundo
banquete en su honor. Al parecer, comer gratis es una de las ventajas
de ser un héroe.
sábado, 21 de febrero de 2015
Un mago hablador
Una vez arriba, la
cerradura no supone un reto para las ganzúas de Élencor y pronto se
abre cual fulana bien pagada, revelando su contenido: Una túnica, un
libro con extrañas runas y una carta firmada por Zacarus. Élencor
examina el texto e informa al grupo que se encuentra ante la tumba
del mago. Álesmir, receloso, le pide que se la deje leer y
efectivamente, el elfo decía la verdad.
Zacarus, el mago de
la corte, al descubrir que portaba una terrible enfermedad decidió
retirarse y llevarse consigo sus valiosas pertenecías, una túnica
encantada y un libro que contiene poderosos rituales, para así
evitar que cayeran en malas manos y proteger a su pueblo.
Los héroes han
resuelto el misterio y con ello han descubierto que trabajan bien en
equipo, a pesar de no agradarse ni confiar entre ellos y puesto que
aún les quedaba un asunto pendiente, deciden nombrar un líder.
Puede que sorprenda a algunos el hecho de que Élencor fuera el
elegido por unanimidad. Cierto es que el solitario elfo no era
partidario de verse envuelto en un grupo y mucho menos de depositar
su confianza en nadie pero había quedado patento que a la hora de
dirigir al equipo mostraba un talento natural y sus compañeros
habían reconocido en él a un líder nato. Su primera decisión como
líder consiste en encargar a Quarion y Cáralos la misión de
informar en la corte del sino que había acontecido a Zacarus, Él y
el semi-elfo irían a la armería a ver que podían sacar del equipo
que habían saqueado a los polimorfos.
Cáralos y Quarion
se presentaron en la fortaleza de Adulaida, preguntando por el lord,
un centinela les atiende. “Lord Faren Mhalkerhay está muy ocupado
ahora y no puede atenderles.” Les informa. “Somos los héroes que
ayer expulsaron a los kobols del mercado, venimos para avisar que
hemos averiguado lo ocurrido con Zacarus, antiguo mago de esta
fortaleza.” Responde Cáralos. El guardia se queda estupefacto y
tras recobrar la compostura, corre a llamar al lord, quien no tarda
en aparecer. “Nuestros intrépidos héroes de nuevo, ¿es verdad
que habéis hallado a Zacarus?” pregunta. “Bueno, su tumba –
dice Quarion – dejó una nota.” “Vaya, ¿Y no había nada más?”
repica el lord ansioso. “Este libro de rituales.” Espeta Cáralos
sin pensar. “Damelo.” Ordena el lord. El mago lo observa y en ese
momento es consciente de su desliz. “Eeeh… No, quiero estudiarlo
detenidamente.” Dice guardándolo en su túnica. El lord gesticula
una mueca y sopesa la situación. “De acuerdo, pero esto podría
ser motivo de guerra, recuérdalo.” Se produce un tenso silencio,
hasta que de pronto, el mago, no contento con su anterior actuación
decide romperlo. “¿Y la recompensa que?” “¿Recompensa? –
repite sorprendido el lord con los ojos como platos – Bueno,
podemos preparar otro banquete, si os place.” Los dos héroes
aceptan la propuesta y se marchan, no sin que antes Cáralos haga un
infructuoso intento de seducir a una guarda allí presente. “Lo
siento, pero estoy de servicio” responde ella a las indirectas del
eladrín.
lunes, 9 de febrero de 2015
Trabajo en equipo
Se que hemos estado algo desaparecidos debido a la universidad, aun así quiero que sepáis que no nos olvidamos de vosotros y mucho menos de nuestros héroes quiénes han vivido unas cuantas aventuras más y están deseando que las conozcáis. Como siempre, esperamos que disfrutéis su historia :D
A llegar al final,
un grupo de cuatro hombres les corta el paso. “¿Qué queréis?”
pregunta el que parece el líder. “Buscamos al mago Zacarus.”
Responde Cáralos “¿Quién osa perturbar su descanso?” insiste
el desconocido. “Solo queremos averiguar que le ha ocurrido.”
Repite el mago. “Marchaos si no queréis morir.” Es en ese
momento cuando Quarion da un paso adelante y desenvainando la espada
intenta intimidarlos. “Seréis vosotros los que acabéis muertos si
no nos dejáis pasar.” Fue entonces cuando los desconocidos sacaron
sus armas y se echaron sobre los aventureros.
Al comenzar la
batalla todo parecía ir bien, a pesar de ser bueno guerreros, sus
habilidades no se comparaban a las del grupo de aventureros. Hasta
que de golpe, los desconocidos se transformaron ¡Eran polimorfos! Un
hombre lobo y tres hombres rata. Las tornas habían cambiado y la
batalla se declinaba a favor de los enemigos.
No es hasta que lo
héroes observan que lo enemigos sanan sus heridas a gran velocidad
que no son conscientes de que combatirlas por separado es inútil.
Una vez descubierto el secreto, comienzan a centrarse en atacar en
grupo, eliminado rápidamente a todos hasta quedar solos frente al
hombre lobo, quien al morir, deja escapar una maldición.
Una vez acabada la
batalla, les espera una nueva puerta, la tercera del día, pero esta
vez es Quarion quién hace los honores estampando la suela de su bota
en ella. Solucionado el asunto, descubren una amplia sala cuadrada
alumbrada por antorchas, situadas en cada esquina, y con un altar en
el centro donde se alza un cofre. Se disponen a dar un paso adentro,
pero Élencor se detiene de pronto. “Fijaros, esas baldosas a los
pies del altar son ligeramente diferentes, esto me da mala espina.”
“Yo percibo una ligera bruma mágica que proviene de ese cofre.”
Añade Cáralos. “¿Por qué no probamos a tirar los cadáveres de
esos tipos?” Propone Quarion. Todos asienten y Álesmir vuelve
sobre sus pasos, toma al inerte cuerpo del hombre lobo, se acerca al
umbral de la puerta y desde allí lanza el cuerpo justo donde el elfo
le indica.
En cuento los
despojos del muerto tocan el suelo, este se abre con un ruido de
engranajes viejos, haciendo desaparecer el cuerpo. “¿Podremos
cruzar ya?” pregunta el mago. Sin mediar palabra el semi-elfo lanza
otro cuerpo al lado de la trampa ya activada. Otra vez lo mismo,
apenas una milésima de segundo y el cuerpo ha desaparecido entre
chirridos metálicos. Para asegurarse, Quarion decide lanzar un
tercer muerto al altar, el cuerpo impacta, salpicando de sangre y
sesos el altar y de la potencia y se escurre por él hasta caer en
el pequeño foso que forman las trampas ya activadas. “Parece
seguro.” Concluye Élencor.
Las trampas ya
estaban neutralizadas, pero un nuevo problema surge, ahora un pequeño
foso les separa del altar. El mago prueba a usar su magia y atraerlo,
pero pesa demasiado y no se mueve ni un ápice. Tras un debate, el
semi-elfo decide arriesgarse a cruzarlo de un salto. Toma carrerilla
y cruza por los aires el foso, aterrizando a escasos metros de las
manchas que había dejado el cadavérico hombre rata. Con cautela se
acerca al cofre, prueba a abrirlo pero una cerradura se lo impide.
“Está cerrado y no puedo romperlo.” Informa a sus compañeros.
“Prueba a lanzarlo hasta aquí y yo lo recojo.” Sugiere Quarion.
“Es demasiado pesado para eso. Alguien va a tener que venir aquí a
abrir la cerradura.” Concluye. El explorador suspira, sabe que es
el único capacitado para eso, pero recela de alcanzar el otro lado
del foso. El semi-elfo se acerca al borde y le tiende la mano.
Como temía, el elfo
se queda un poco corto, aún así, logra alcanzar la mano de su
compañero. Durante un momento, el peso del elfo desequilibra al
guerrero que a punto está de caer, pero finalmente, se mantiene
erguido y logra alzar a su aliado, quién pende sobre el foso.
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