Álesmir llama a la puerta de la capitanía del puerto, a pesar de las horas una voz le dice que pase. Es un viejo enano de barbas blancas que fuma una pipa quien le espera en el interior. Fiel a su costumbre, el semi-elfo saluda a su interlocutor en su lengua. “Vaya, un semi-elfo hablando enano, quién iba a decirlo.” El tono del enano expresa sorpresa en vez de desagrado (al contrario que con el herrero). “Estaba buscando información. Querría saber si una elfa llamada Tínfale salió por barco de la ciudad.” El enano se levanta tras dar varias caladas a su pipa y se dirige a unos cajones. De ellos extrae unos libros y tras un rato ojeando levanta la mirada de ellos. “No ha salido por barco chico. ¿Asuntos personales o de negocios.” “Personales.” Responde este apesadumbrado. “Bueno, entonces te recomiendo que hables con Kelson Thistton, el dueño de los establos. Nada entra o sale de esta ciudad sin que él se entere”.
Mientras Álesmir vuelve camino al banquete, una sombra se desliza a su lado. A pesar de no poder verla bien, entiende a la perfección el mensaje que ha susurrado en su oído. “Sombra os espera.”
El elfo y el eladrín llegan a la taberna donde se celebra el banquete al tiempo que Quarion – quien acaba de notar su ausencia – salía en su búsqueda. A lo lejos, los tres divisan al semi-efo corriendo hacia ellos. En cuanto esté los alcanza, les informa de lo ocurrido. Sombra les está esperando así que parten en dirección al río donde, dentro de una carreta, Sombra les espera impaciente. “Ya creía que no veníais.” Espeta mientras tiende unas vendas a los aventureros. “ponéoslas en los ojos.”
El carruaje traquetea y se mueve sin que ninguno de los cuatro pueda percibir nada del exterior, pues una fuerte magia bloquea sus sentidos. Cuando por fin se detienen, Sombra los guía por un sinfín de escaleras hasta un lugar frío y húmedo, donde finalmente les permite retirarse las vendas.
Al hacerlo, observan que se encuentran en una sala de piedra oscura, sin nada destacable.
Sombra se aleja un poco, saca un pergamino, lanza unos polvos al aire y de pronto, una enorme pira de fuego surge, en la cual, poco a poco, se va percibiendo la figura de un hombre. Doppelgänger.
“Bienvenidos, aventureros, os he traído aquí para solicitar vuestra ayuda en una misión que, de fracasar, pondría en peligro miles de vidas.”
“¿Qué sabes de los bandidos?” Grita Élencor enfurecido. “Dímelo”
“Mis conocimientos son muy extensos y podría facilitaros la información que buscáis cada uno de vosotros, pero lamento tener que retenerla en aras de lograr vuestra colaboración.”
“¿Entonces sabes dónde encontrar a Tínfale?” Es ahora Quarion quién habla, sin percibir la mirada de curiosidad que suscitado en su compañero semi-elfo.
“Como ya he dicho, puedo responder a todas vuestras preguntas, pero no hasta que la tarea que os tengo reservada sea resuelta.”
“Pues en eso caso, ves directo al grano.” Le insta Álesmir
“Está bien, Orcus, el príncipe oscuro, pretende invadir la morada de la reina cuervo y tomar el trono, aprovechando la época de las cosechas, momento en el cual los planos en los que habitan ambos se hallaran más cerca. Sombra ya me ha informado que habéis logrado infiltraros en la secta, pero que debéis superar una prueba.”
“Quieren que saqueemos una caravana dentro de tres días.” Responde el elfo.
“No cabe duda… El objeto que transporta esa caravana debe ser un cristal mágico. Orcus pretende usarlo para abrir un portal el tiempo suficiente para alcanzar a la reina cuervo. Pero no debéis preocuparos, vosotros seguid con la tarea que os han encomendado para ganaros su confianza, conseguidles el cristal y al mismo tiempo, traedme ciertos ingredientes a mí, pues conozco un ritual con el que podremos derrotar a Orcus.”
“Pero, ¿matar a un dios no rompería el equilibrio?” Pregunta Élencor.
“Sí, pero Orcus no es un dios, es un príncipe demoniaco, esa es la razón por la que no debe lograr sus objetivos, pues si la reina cuervo cae, el equilibrio también. Pero como ya os he dicho, conozco un ritual. Desgraciadamente, unos fatídicos sucesos me han debilitado y por tanto yo mismo no puedo obtener los ingredientes y es ahí donde entráis vosotros, traedme lo que necesito y detendremos a Orcus.”
“Un momento – interrumpió Álesmir - todo eso está muy bien, pero no me parece que darles ese cristal sea una buena idea, creo que necesitamos un plan B. Has dicho que ese Orcus lo necesita para mantener el portal ¿no? Pues yo propongo robarlo y esconderlo donde no puedan encontrarlo, pero al mismo tiempo, con ayuda de nuestro mago eladrín, crear una copia, así en caso de que ese ritual falle, tendremos otra oportunidad de arreglar el problema.”
“Debo admitir que pese a ser un semi-elfo, usas la cabeza” Elogió Élencor.
“De acuerdo” Dice la figura llameante. “Ahora anotad. Necesitaremos: El tomo prohibido de Vecna; resurrección de la tumba, un tarro hermético de vida y… un corazón de dragón negro.”
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martes, 28 de abril de 2015
lunes, 6 de abril de 2015
Haciendo amigos
La situación en el banquete no difiere un ápice de la noche anterior salvo que esta vez ningún enano interrumpió y por tanto, Élencor no tardó en aprovechar el menor descuido para escabullirse de sus compañeros. Sin embargo, esto no pasó desapercibido por Cáralos, quién al verle marcharse, decidió seguirle. Álesmir, al comprobar que sus dos compañeros habían desaparecido mientras estaba despistado, decidió imitarlos y marcharse por su cuenta. Quarion, por su parte, no notó la ausencia de sus aliados, pues estaba demasiado ocupado comiendo todas las delicias que circulaban por su mesa. Sin duda, ser un héroe es lo mejor que le ha podido ocurrir a su estómago.
Élencor puso rumbo a una posada de los suburbios, aún no había anochecido pero la encontró cerrada, cosa que le inquietó. Un rápido vistazo le bastó para percir una tenue luz a través de las ventanas. Sigilosamente, acercó sus grandes orejas élficas a la puerta y prestando atención pudo escuchar gentío hablar pero nada de interés. De pronto, se percató de una presencia a su espalda. Al volverse, estaba Cáralos. “Me estás siguiendo.” Le ruge el elfo. “Bueno, ahora somos compañeros, has desaparecido y eso me ha extrañado. Si tienes algún asunto, deberías confiar en nosotros.” “Que te quede claro, no necesito vuestra ayuda y yo resuelvo mis asuntos solo, así que no vuelvas a meterte donde no te llama.”
Élencor puso rumbo a una posada de los suburbios, aún no había anochecido pero la encontró cerrada, cosa que le inquietó. Un rápido vistazo le bastó para percir una tenue luz a través de las ventanas. Sigilosamente, acercó sus grandes orejas élficas a la puerta y prestando atención pudo escuchar gentío hablar pero nada de interés. De pronto, se percató de una presencia a su espalda. Al volverse, estaba Cáralos. “Me estás siguiendo.” Le ruge el elfo. “Bueno, ahora somos compañeros, has desaparecido y eso me ha extrañado. Si tienes algún asunto, deberías confiar en nosotros.” “Que te quede claro, no necesito vuestra ayuda y yo resuelvo mis asuntos solo, así que no vuelvas a meterte donde no te llama.”
martes, 24 de marzo de 2015
¿Trabajando para los malos?
Una vez finalizadas
sus tareas, los cuatro héroes se reúnen de nuevo, se reparten las
ganancias equitativamente y deciden el siguiente paso a tomar. Puesto
que ya es mediodía y todavía no tienen nada que contar a Sombra,
Élencor propone volver a la Bodega del goblin astuto y ver si
finalmente han sido aceptados en el culto a Orcus.
La taberna se
encuentra más despejada que la noche anterior, pero aún así,
el número de maleantes es notable. “Bueno, visto lo bien que se
desenvolvió el semi-elfo la otra vez, creo que debería acercarse él
a ver cómo anda el asunto.” Dice el explorador. Los demás
asienten y este marcha hacia el tíflin que sigue en el mismo lugar
detrás de la barra que ocupaba la noche anterior.
“Vengo por el
asunto que te comentó mi amigo, ya sab…” -comienza a decir
Álesmir al llegar a la barra donde el tabernero limpiaba un jarra
con un trapo que acumulaba más mugre de la que pretendía limpiar-
“SHHH, baja la voz – replica el tabernero agazapándose – aquí
no se puede hablar de eso, vamos atrás.” Ambos marchan a la
despensa, alejados de las miradas curiosas.
“Así que queréis
entrar en el culto de nuestro señor Orcus ¿A qué se debe este
interés? Pregunta el viejo tíflin.
“Llevamos meses
adorando al príncipe oscuro, pero ya estábamos cansados de ser
meros aduladores, queríamos algo más… Ritual. Ser de utilidad a
nuestro señor.”
“Ya veo… De
acuerdo, como tienes buenas referencias hemos decidido daros una
oportunidad, pero primero tendréis que superar una prueba.”
“Pues di cual es.”
El posadero le
informa de que en tres días llegará un carruaje y que deberán
saquearlo y apoderarse de su contenido. Cuando Álesmir comparte la
información con el grupo, Élencor se muestra reacio a la idea. “No
quiero tener nada que ver con saqueos, eso es cosa de bandidos.”
Tras una larga charla, logran concretar un plan para asaltar la
caravana sin tener que provocar daños a terceros y así evitar toda
similitud con los tan detestados – por Élencor – bandidos. Ahora
que tenían toda la información, es momento de ir al segundo
banquete en su honor. Al parecer, comer gratis es una de las ventajas
de ser un héroe.
sábado, 21 de febrero de 2015
Un mago hablador
Una vez arriba, la
cerradura no supone un reto para las ganzúas de Élencor y pronto se
abre cual fulana bien pagada, revelando su contenido: Una túnica, un
libro con extrañas runas y una carta firmada por Zacarus. Élencor
examina el texto e informa al grupo que se encuentra ante la tumba
del mago. Álesmir, receloso, le pide que se la deje leer y
efectivamente, el elfo decía la verdad.
Zacarus, el mago de
la corte, al descubrir que portaba una terrible enfermedad decidió
retirarse y llevarse consigo sus valiosas pertenecías, una túnica
encantada y un libro que contiene poderosos rituales, para así
evitar que cayeran en malas manos y proteger a su pueblo.
Los héroes han
resuelto el misterio y con ello han descubierto que trabajan bien en
equipo, a pesar de no agradarse ni confiar entre ellos y puesto que
aún les quedaba un asunto pendiente, deciden nombrar un líder.
Puede que sorprenda a algunos el hecho de que Élencor fuera el
elegido por unanimidad. Cierto es que el solitario elfo no era
partidario de verse envuelto en un grupo y mucho menos de depositar
su confianza en nadie pero había quedado patento que a la hora de
dirigir al equipo mostraba un talento natural y sus compañeros
habían reconocido en él a un líder nato. Su primera decisión como
líder consiste en encargar a Quarion y Cáralos la misión de
informar en la corte del sino que había acontecido a Zacarus, Él y
el semi-elfo irían a la armería a ver que podían sacar del equipo
que habían saqueado a los polimorfos.
Cáralos y Quarion
se presentaron en la fortaleza de Adulaida, preguntando por el lord,
un centinela les atiende. “Lord Faren Mhalkerhay está muy ocupado
ahora y no puede atenderles.” Les informa. “Somos los héroes que
ayer expulsaron a los kobols del mercado, venimos para avisar que
hemos averiguado lo ocurrido con Zacarus, antiguo mago de esta
fortaleza.” Responde Cáralos. El guardia se queda estupefacto y
tras recobrar la compostura, corre a llamar al lord, quien no tarda
en aparecer. “Nuestros intrépidos héroes de nuevo, ¿es verdad
que habéis hallado a Zacarus?” pregunta. “Bueno, su tumba –
dice Quarion – dejó una nota.” “Vaya, ¿Y no había nada más?”
repica el lord ansioso. “Este libro de rituales.” Espeta Cáralos
sin pensar. “Damelo.” Ordena el lord. El mago lo observa y en ese
momento es consciente de su desliz. “Eeeh… No, quiero estudiarlo
detenidamente.” Dice guardándolo en su túnica. El lord gesticula
una mueca y sopesa la situación. “De acuerdo, pero esto podría
ser motivo de guerra, recuérdalo.” Se produce un tenso silencio,
hasta que de pronto, el mago, no contento con su anterior actuación
decide romperlo. “¿Y la recompensa que?” “¿Recompensa? –
repite sorprendido el lord con los ojos como platos – Bueno,
podemos preparar otro banquete, si os place.” Los dos héroes
aceptan la propuesta y se marchan, no sin que antes Cáralos haga un
infructuoso intento de seducir a una guarda allí presente. “Lo
siento, pero estoy de servicio” responde ella a las indirectas del
eladrín.
lunes, 9 de febrero de 2015
Trabajo en equipo
Se que hemos estado algo desaparecidos debido a la universidad, aun así quiero que sepáis que no nos olvidamos de vosotros y mucho menos de nuestros héroes quiénes han vivido unas cuantas aventuras más y están deseando que las conozcáis. Como siempre, esperamos que disfrutéis su historia :D
A llegar al final,
un grupo de cuatro hombres les corta el paso. “¿Qué queréis?”
pregunta el que parece el líder. “Buscamos al mago Zacarus.”
Responde Cáralos “¿Quién osa perturbar su descanso?” insiste
el desconocido. “Solo queremos averiguar que le ha ocurrido.”
Repite el mago. “Marchaos si no queréis morir.” Es en ese
momento cuando Quarion da un paso adelante y desenvainando la espada
intenta intimidarlos. “Seréis vosotros los que acabéis muertos si
no nos dejáis pasar.” Fue entonces cuando los desconocidos sacaron
sus armas y se echaron sobre los aventureros.
Al comenzar la
batalla todo parecía ir bien, a pesar de ser bueno guerreros, sus
habilidades no se comparaban a las del grupo de aventureros. Hasta
que de golpe, los desconocidos se transformaron ¡Eran polimorfos! Un
hombre lobo y tres hombres rata. Las tornas habían cambiado y la
batalla se declinaba a favor de los enemigos.
No es hasta que lo
héroes observan que lo enemigos sanan sus heridas a gran velocidad
que no son conscientes de que combatirlas por separado es inútil.
Una vez descubierto el secreto, comienzan a centrarse en atacar en
grupo, eliminado rápidamente a todos hasta quedar solos frente al
hombre lobo, quien al morir, deja escapar una maldición.
Una vez acabada la
batalla, les espera una nueva puerta, la tercera del día, pero esta
vez es Quarion quién hace los honores estampando la suela de su bota
en ella. Solucionado el asunto, descubren una amplia sala cuadrada
alumbrada por antorchas, situadas en cada esquina, y con un altar en
el centro donde se alza un cofre. Se disponen a dar un paso adentro,
pero Élencor se detiene de pronto. “Fijaros, esas baldosas a los
pies del altar son ligeramente diferentes, esto me da mala espina.”
“Yo percibo una ligera bruma mágica que proviene de ese cofre.”
Añade Cáralos. “¿Por qué no probamos a tirar los cadáveres de
esos tipos?” Propone Quarion. Todos asienten y Álesmir vuelve
sobre sus pasos, toma al inerte cuerpo del hombre lobo, se acerca al
umbral de la puerta y desde allí lanza el cuerpo justo donde el elfo
le indica.
En cuento los
despojos del muerto tocan el suelo, este se abre con un ruido de
engranajes viejos, haciendo desaparecer el cuerpo. “¿Podremos
cruzar ya?” pregunta el mago. Sin mediar palabra el semi-elfo lanza
otro cuerpo al lado de la trampa ya activada. Otra vez lo mismo,
apenas una milésima de segundo y el cuerpo ha desaparecido entre
chirridos metálicos. Para asegurarse, Quarion decide lanzar un
tercer muerto al altar, el cuerpo impacta, salpicando de sangre y
sesos el altar y de la potencia y se escurre por él hasta caer en
el pequeño foso que forman las trampas ya activadas. “Parece
seguro.” Concluye Élencor.
Las trampas ya
estaban neutralizadas, pero un nuevo problema surge, ahora un pequeño
foso les separa del altar. El mago prueba a usar su magia y atraerlo,
pero pesa demasiado y no se mueve ni un ápice. Tras un debate, el
semi-elfo decide arriesgarse a cruzarlo de un salto. Toma carrerilla
y cruza por los aires el foso, aterrizando a escasos metros de las
manchas que había dejado el cadavérico hombre rata. Con cautela se
acerca al cofre, prueba a abrirlo pero una cerradura se lo impide.
“Está cerrado y no puedo romperlo.” Informa a sus compañeros.
“Prueba a lanzarlo hasta aquí y yo lo recojo.” Sugiere Quarion.
“Es demasiado pesado para eso. Alguien va a tener que venir aquí a
abrir la cerradura.” Concluye. El explorador suspira, sabe que es
el único capacitado para eso, pero recela de alcanzar el otro lado
del foso. El semi-elfo se acerca al borde y le tiende la mano.
Como temía, el elfo
se queda un poco corto, aún así, logra alcanzar la mano de su
compañero. Durante un momento, el peso del elfo desequilibra al
guerrero que a punto está de caer, pero finalmente, se mantiene
erguido y logra alzar a su aliado, quién pende sobre el foso.
lunes, 17 de noviembre de 2014
Al encuentro de Zacarus
Álesmir y Cáralos
vuelven sonrientes a la mesa. “Ya está hecho, van a darnos lo
oportunidad de unirnos.” Sombra les mira sin comprender. “¿Qué
tiene eso que ver con ser héroes?” “Pues que antes has dicho que
te daban problemas. Ahora tienes a unos hombres infiltrados y en
apenas unos minutos ¿No te vale eso?” “Vaya, para ser un sucio
semi-elfo usas la cabeza” interrumpe de pronto Élencor. “Está
bien, todos habéis demostrado vuestra valía, nos veremos mañana en
el río”.
Una vez superada
aquella difícil prueba, el equipo decide mantenerse junto y hacer
tiempo investigando la desaparición de Zacarus.
Después de una
larga caminata por el bosque, son emboscados por unas ratas
terribles, unos peligrosos monstruos enormes que no les dan cuartel.
La batalla se presenta cruenta y dura, incrementándose su intensidad
cuando de pronto surgen unas ratas gigantes, que a cada mordisco
infectan a nuestros héroes, provocándoles fuertes fiebres.
Finalmente, tras muchas estocadas, flechas e innumerables y
mortíferos hechizos, logran exterminar a las ratas, pero la batalla
les ha agotado y deciden montar un campamento para poder descansar.
Una vez recuperadas
las fuerzas, continúan adentrándose en el bosque hasta llegar a una
pared rocosa, donde se percibe una puerta esculpida. Tras investigar
que no hay peligro con la percepción élfica, comprobar que no es
una puerta que funcione con magia y descartar la absurda propuesta de
escalar la pared, el guerrero del grupo carga contra la piedra y la
derriba. Se adentran entonces en una gruta totalmente oscura, la
cual, gracias al mago del grupo, pronto queda iluminada. Pero no todo son alegrías pues no tardan en
descubrir que la gruta se encuentra atestada de cadáveres putrefactos de
animales.
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sábado, 1 de noviembre de 2014
¿Quién es Sombra?
Los héroes se
quedan perplejos. No esperaban aquello y ahora el desconocido los
observa fijamente. Se acercan a él. Este les recrimina la tardanza,
¿Es que tal vez no estén a la altura de la fama que les precede?
Los héroes ya empiezan a estar cansados de este juego y le preguntan
sus intenciones. “Es una prueba, para ver si sois héroes.”
Aquello comenzaba a complicarse y las respuestas no llegaban. “Mi
señor Doppelgänger me envía para ver si realmente sois héroes,
así que debéis demostrármelo.” Repite.
Y aquí fue donde la
paciencia del elfo se agotó. Se puso de pie tirando la silla al
suelo, dio un fuerte golpe en la mesa y agarró al sujeto de la capa.
“¿Dónde están los bandidos?” Los demás no comprendían
aquello, pero sin duda aquel Sombra sabía de qué iba el asunto. Tal
vez por eso pudo permitirse el lujo de seguir impasivo ante aquella
amenaza.
Élencor, al ver que
no funcionaba, lo soltó. El mago tomó ahora la voz cantante en la
conversación, tratando de mostrar las cualidades del grupo como
héroes. “¿Y lo de esta mañana, que ha sido? Han muerto
inocentes.” Dice de pronto el semi-elfo. “Cierto, pero no son
nada comparadas con las miles de vidas que podremos salvar, eso era
una prueba para vosotros. “ Todos callan ante aquella respuesta y
es entonces cuando el elfo se pone en pie de nuevo. “¿Quieres una
demostración? Pues mira.” Sigilosamente se desliza entre la
multitud y roba del pecho de un hombre sospechoso un colgante. “Aquí
tienes, ni se han percatado.” Deja caer el objeto en la mesa y el
mago corre a estudiarlo. Sus amplios conocimientos eclesiásticos
pronto le brindan la información que persigue. “Es un colgante que
representa al dios Orcus, príncipe oscuro.” “En efecto –
respondo Sombra, quién parece más complacido – ese tipo al que
has robado, que ahora habla con el posadero, es el líder de un grupo
de saqueadores y además, es un seguidor de Orcus, al igual que
todos los hombres que le siguen. Son una secta y el posadero es el
que controla todo el cotarro. Aún así, sigo esperando a ver que
sois héroes.” Tras pensar un momento, es Álesmir quien se pone en
pie. “Tengo una idea.” Sin mediar palabra, se acerca al líder,
le da un golpe amistoso en la espalda y pide dos jarras de hidromiel.
El hombre se sorprende e intenta reconocer al desconocido, quién
asegura que trabajaron juntos en el pasado en algunos saqueos. Pasado
el rato y tras varias jarras de hidromiel, el saqueador está lo
suficientemente borracho para creer que realmente son viejos amigos.
Por desgracia, aún así no suelta prenda sobre la ubicación de su
guarida.
Al comprender las
intenciones del semi-elfo, Cáralos se acerca, el borracho le saluda
amistosamente al comprobar que es un conocido de su “viejo amigo”
y sin que se dé cuenta, pasa a hurtadillas el colgante a Álesmir.
Este capta la idea de su compañero y fingiendo agacharse y recoger
algo, le muestra el colgante al saqueador. “Se te ha caído amigo.”
Sorprendido de haberlo perdido, agradece la devolución. Pero ahí no
queda la cosa, el semi-elfo muestra su interés por el objeto y deja
claro que conoce su significado y sus deseos de brindar culto a
Orcus. Tras sopesarlo, el líder saqueador decide que puede ser una
buena idea darle una oportunidad. Al fin y al cabo, son viejos
amigos, ¿no?
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miércoles, 22 de octubre de 2014
La aparición de Sombra
Reunidos de nuevo,
los cuatro nuevos héroes de Valle del dragón disfrutan de la cena,
aunque no tanto de la compañía de los otros. Mientras que los
eladrines han entablado una vana conversación sobre su mística
tierra natal, el reino de las hadas, Élencor, se ha desplazado, de
tal manera que aunque sigue compartiendo mesa con ellos, quede
patente su animadversión a la compañía de otros seres. Álesmir
por su parte, disfruta de la cena sin mediar palabra.
De pronto, un enano
se sienta de golpe y apoya una jarra en la mesa, derramando parte de
su contenido. “Bienaventurados sean los héroes.” Vocifera. Todos
le observan sobresaltados, sin acabar de comprender su presencia. El
semi-elfo, de pronto, responde al recién llegado en enano. “Habrase
visto, un orejas puntas hablando enano.” Exclama en su lengua. A
pesar de la sorpresa, los otros comienzan a hacer preguntas. Cáralos
no tarda en exponer lo que ha descubierto acerca de la firma. El
enano no sabe sobre ella, el único mago del que él ha oído hablar
era el mago de la fortaleza, Zacarus, quien desapareció
misteriosamente en el bosque años atrás, llevándose consigo todas
sus pertenencias mágicas y sus libros. Antes de darlo todo por
perdido, Álesmir pregunta si conoce a aquel que firma la carta, un
tal Doppelgänger,”No se que es un Doppelgänger.” Responde este.
Aun habiendo
hablado en enano, los demás héroes entienden sin dificultad alguna
aquel nombre que sin duda también aparece en sus cartas. Es ahora,
para sorpresa de todos, el elfo quién toma la palabra. “Yo también
busco a ese tipo. He estado investigando y he descubierto algo sobre
una taberna en los bajos fondos. Creo que deberíamos ir todos.”
“Vaya, ahora resulta que sí estabas investigando cuando nos hemos
encontrado antes.” Responde el semi-elfo, visiblemente mosqueado.
“Pues sí, y voy a necesitar ayuda, aunque preferiría que no fuera
de un sucio semi-elfo como tú.” El mago no tarda en poner paz e
intentar organizar el grupo, pues cree que pueden trabajar bien en
equipo. Tal vez hasta sea verdad.
Una vez en la
posada, el elfo no tarda en localizar al encapuchado que se sienta en
una mesa del fondo. Sin sopesarlo, da un paso rápido, con claras
intenciones de abalanzarse sobre él. Rápidamente, el semi- elfo y
el mago lo paran. “¿A dónde diablos vas, no puedes hacer esto en
un lugar así, espera aquí, vamos a obtener algo de información
antes.” Dicho esto, Álesmir se dirige a la barra, coloca una
moneda boca abajo y con un ligero movimiento de cabeza señala al
encapuchado. “¿Qué puedes decirme de él?” El posadero, un
tíflin, lo mira de arriba abajo. Por su expresión deja claro no
solo que no va a hablar, si no que aquello le resulta gracioso. Una
pequeña carcajada confirma la duda. “Lo siento chico, pero no sé
nada de él.” Con un gesto, le muestra un cuchillo oculto en la
correa de la mochila que cruza en su pecho. “Se ven muchos de esos
por aquí” responde este, sin lugar a dudas la intimidación no
funciona. De pronto, el mago aparece. “Dinos lo que sabes, tenemos
fuera un ejército, así que ya sabes lo que te conviene.” Un sutil
movimiento de su mano y se escucha el sonido de cascos de caballos y
golpes de armaduras fuera de la posada. Desgraciadamente, no lo
suficientemente sutil. El tíflin, curtido en engaños, lo nota y
consciente de que es un mero truco, vuelve a soltar una carcajada.
“Claro, un ejército.” Espeta burlón.
Justo cuando las
cosas no podían ir peor, aparece el otro eladrín, que sin
pensárselo, muestra parte del filo de su espada al posadero. “¿Ves
mi espada?” pregunta amenazante “¿Sí? Yo también tengo una.”
Responde desenvainando la suya, mostrándola a los tres aventureros.
“Ya está bien de tonterías.” Dice el semi-elfo, poniendo otra
moneda sobre la mesa. De nuevo, otra risa burlona. ¿Es que nada
funciona con este hombre? “Chicos, de normal no haría esto, pero
me habéis caído bien. ¡SOMBRA! Preguntan por ti.
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lunes, 1 de septiembre de 2014
Historia - Juntos pero no revueltos
Se ha alargado un poco la publicación del siguiente fragmento de historia así que hoy será un poco más largo para compensar, como siempre, espero que lo disfrutéis :)
Lo que comenzó con
elogios y felicitaciones, pronto se convirtió en una batalla verbal.
Los eladrines contra el elfo y todos contra el semi-elfo.
Y así fue como los
halló el lord. Interrumpiendo la discusión, les agradece su ayuda y
les invita a una fiesta en su honor por haberles salvado del ataque.
Los aventureros aceptan la propuesta y ponen en común lo que han
visto: un encapuchado con un extraño símbolo y unas runas en el
suelo. Es el mago quién expone en voz alta aquello que los otros
piensan pero ocultan. “Yo he visto ese símbolo en una extraña
carta que me llegó.” Así que los otros tres también habían
recibido esa extraña notificación. ¿Qué querrían de ellos? En
cuanto son conscientes de esto, el mago propone unir fuerzas, pero
todos reusan por el momento, tienen cosas que hacer por ahora en la
ciudad. Tal vez en la cena puedan hablar de eso más tranquilamente.
Álesmir, el
guerrero semi-elfo, quién había ocultado su identidad usando su
nombre humano, James, se dirigió hacia la casa de su tía Tínfale,
que era el motivo por el cual había viajado hasta allí. Al llegar,
la encuentra cerrada, tras llamar varias veces a la puerta sin
obtener respuesta, decide echarla abajo de una patada.
Está abandonada.
Registra cajones, abre armarios, pero nada, solo hay polvo. En un
intento desesperado, se acerca a la casa contigua, una anciana lo
recibe y le informa de que hace meses que la familia abandonó el
hogar.
Quarion, señor de
la guerra eladrín, sin saber que su objetivo es el mismo que el de
su compañero semi-elfo, prueba suerte con un hombre que pasea
cargado de una caja. Este le indica la dirección a seguir, pero a su
vez le informa de que hace unos meses que se había marchado. Quarion
se va, no sin antes pedirle al hombre uno de los melocotones que
transporta.
Cáralos, el mago
eladrín, decide acercarse a la tienda de artículos mágicos para
averiguar algo acerca de aquellas runas, donde una bruja Tíflin lo
atiende. Allí descubre que son unas runas de teleportación. Ahora
ya sabe cómo llegaron allí esos kobolds, sin duda una información
que sus nuevos compañeros de aventuras encontrarían muy interesante
cuando la compartiera con ellos en la cena. Desgraciadamente, no
logra encontrar ningún libro de conjuros que tan ansiadamente busca.
Élencor, el
explorador elfo, pone rumbo hacía la taberna que había frecuentado
al llegar y que por el ataque no había tenido tiempo de disfrutar.
Nada más entrar, sus sentidos de elfo lo advierten. Alguien lo
observa desde el fondo. Sigilosamente, se desliza hasta él. A boca
jarro, le pregunta por el encapuchado y su interlocutor, alterado, le
insta a bajar la voz “este no es el lugar adecuado, hay una secta
en la ciudad y podrían estar escuchando, reunámonos en el río.”
Tras aquello, ambos se marchan y Élencor va hacia la taberna donde
se dará un banquete en su honor y en el de los otros tres, a pesar
de sus escasas ganas de presentarse. A fin de cuentas, los otros
también han recibido esa extraña carta.
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Vicent
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