viernes, 29 de enero de 2016
lunes, 11 de enero de 2016
Los años pasan volando (Y más en el rol) 1 AÑO DE TARDES DE ROL
Como ya es costumbre en el grupo (más de lo que nos gustaría) traemos tarde, pero lo traemos, un resumen fotográfico de nuestra celebración por un año de roleo e historias publicadas y, es que... aunque el grupo lleva ya un tiempo, el Blog, acaba de cumplir un año.
P.D: Por primera vez en tiempo (creo que nunca XD) hemos coincidido todos y todas.
domingo, 15 de noviembre de 2015
¿Un nuevo aliado?
“¡SEÑOR KELSON, ESPERE!” grita el semi-elfo.” Avandra,
diosa de la fortuna, está de su parte y a pesar de la distancia este le escucha
y se detiene. Mientras se gira para comprobar quién lo llama, Álesmir aprovecha
para enterrar la punta de sus orejas (único elemento que delata su mestizaje
feérico) con su cabello. Ya estaba bien de discriminación por ese día.
“¿Quién me llama?” La sorpresa se lee en su cara. “Soy James,
encantado de conocerlo. Perdone que le interrumpa, pero es que ando buscando
información para poder encontrar un tarro hermético de vida y me han
dicho que usted sabría ayudarme.” Una sonrisa acude rápidamente al rostro de
Kelson. “Te han informado bien. Aunque yo concretamente no pueda decirte donde
hallarlo, si conozco a quién lo sabe. Prueba en el puesto de artículos
encantados que hay en el mercado, cerca de la puerta norte, lo regenta un
tíflin, dile que vas de mi parte y te ayudará.” “Muchas gracias, pero aún hay
otra pregunta que deseo hacerle, ¿No sabrá usted nada acerca de una elfa
llamada Tínfale?, al parecer hace poco que abandonó Valle del dragón.” Aunque
Álesmir no guarda muchas esperanzas una pequeña luz se enciende dentro de sí al
ver el rostro de Kelson. Ha reconocido el nombre. “La recuerdo, partió junto a
su familia en una carreta hace un par de meses, hacia Baluarte del Martillo,
pero nunca supe si llegaron a su destino.” Baluarte del Martillo, una
nueva ubicación que reclamaba a Álesmir. Era el momento perfecto para irse,
podía dejar atrás a sus nuevos compañeros, que seguramente no lograrían
encontrarlo, a fin de cuentas ¿qué más le daba a él Orcus y la Reina Cuervo?...
Pero no, algo dentro de él lo retuvo. Ahora tenía unos compañeros y una tarea
que cumplir, aunque fuera junto al antisocial del elfo y los estirados de los
eladrines. Si Tínfale llevaba dos meses fuera, un par de días no iban a cambiar
nada. “Gracias por la información señor Kelson, que pase un buen día.”
respondió y puso rumbo al puesto del tíflin.
Quiarion y Cáralos recorrían el camino hacia la
fortaleza de Adulaida en silencio, no porque carecieran de temas de
conversación o porque encontraran la situación tensa, sino todo lo contrario,
el silencio era su forma de expresar complicidad. Todos los eladrines comparten
algunos rasgos en su personalidad, la mayoría son gráciles y elegantes en las
formas, se muestran recelosos ante otras razas... pero nada define mejor a los
eladrines que el silencio, y es que como mejor se entienden entre ellos es
callados.
Cuando por fin alcanzaron la fortaleza, solicitaron
audiencia con el lord, pero un guardia les informó que se hallaba reunido y no
podía atenderles. “En ese caso – dijo el mago – Muéstranos la biblioteca de la
fortaleza.” Para sorpresa de los eladrines, el guardia les informó que la
fortaleza de Adulaida carece de un biblioteca como tal, pues allí solo se
encuentraba el registro civil, legando las funciones bibliotecarias a la torre
de magos de la ciudad. El señor de la guerra y el mago cruzaron una mirada, para
variar, las palabras sobraban pues ambos sabían que debían hacer “¿Cómo podemos
encontrar la torre?” Preguntó Cáralos. “Es la torre más alta, la que puede verse
desde cualquier parte ciudad.” Les indicó el soldado. Después de agradecerle
las molestias al guardia, Cáralos y Quarin emprenden el camino hacia la torre.
Tras cruzar la ciudad de punta a punta, los eladrines
alcanzarón la torre de magia. En ella, un joven mago los recibió. Sin pensarlo,
Cáralos lo abordó a preguntas acerca de tomos prohibidos. El mago se asustó al
escuchar aquello y se apresuró a indicarles que allí no encontrarían nada de
aquello que buscaban, pues tanto poseerlos como comerciar con ellos era un
crimen. Por suerte para los héroes, el mago no era un gran mentiroso y denota nerviosismos
al responder, los eladrines lo percibieron y sin dudarlo, presionaron al joven hasta que, finalmente, con un gesto de
indecisión, este les pidió que esperaran y se adentró en la torre. Pasado un
rato, un nuevo mago surgió del interior de la titánica construcción. El nuevo
maestro arcano iba ataviado con una rica túnica llena de runas mágicas y
empuñaba un gran bastón. Sin lugar a dudas era uno de los altos responsables de
la torre. A pesar del respeto que una persona así puede imponer, Quarion y
Cáralos no titubearon e insistieron con su pregunta. “Buscamos un tomo prohibido,
¿podemos encontrarlo aquí?”.
El recién llegado repitió las palabras de su antecesor,
con la diferencia pero con una renovada firmeza y convicción. Aun así, los eladrines no se rindieron.
“Somos lo héroes que protegieron la ciudad hace dos días. Esto es por una buena
causa. Un gran mal amenaza y necesitamos ese libro para combatirlo.” Dijeron. Algún
efecto tuvieron que producir esas palabras pues el ilustre personaje se quedó
pensativo y tras sopesarlo en silencio, el mago les condujo a una sala
apartada. Había decidido confiar en ellos, pues sabía que decían la verdad.
jueves, 5 de noviembre de 2015
Expediente Edduard Harowl - La Llamada de Cthulhu (Parte 5 FIN)
Con el golpe de la noticia en el cuerpo, decidieron ir a casa del señor Lovehigs y sincerarse con todos los descubrimientos que habían hecho, así como las sospechas. El viejo patrón, al escuchar toda la historia, lejos de tratarlos de locos, se levantó en silencio y volvió a los diez minutos con un libro entre las manos. Este libró perteneció a mi hermano. El pobre enloqueció y, a los cinco años de aquello, acabó quitándose la vida. En sus momentos de lucidez me hizo prometer que, cuando el no estuviera guardaría bajo llave este libro y libraría al mundo de su peso. Lo que ustedes me han contado me ha recordado a todo lo que me contaba él, por todo ello creo que deberían tener esto.
En el trayecto de vuelta a casa Julius estuvo ojeando el libro, estaba en castellano antiguo y no tuvo problema para entenderlo. El libro hablaba sobre encuentros con criaturas extraterrestres y poderosas, capaces de esclavizar a la humanidad, entre tanto, durante la lectura, vio varias veces el nombre de una criatura llamada Gul. Finalmente encontró un apartado que explicaba unas especies de cánticos, a modo de hechizos para invocar criaturas. El grupo decidió que Julius se quedaría investigando cosas en el libro mientras el resto intentaba entrar en la tierra de los sueños oníricamente.
Agno y el agente Manson se tumbaron en las camas y empezaron a soñar. Todo parecía corriente, como tantas otras veces habían soñado, hasta que ambos toparon con el precipicio que tanto había trastocado al desaparecido Harowl. No lo dudaron precipitándose al vacío. Poco a poco, mientras se acercaban a un final que no lograban ver, sintieron como se iban deteniendo en el aire, cada vez caían más lentamente; hasta que se posaron en el suelo. Frente a ellos, una puerta custodiada por tres jueces que tras dotar de alimento del mundo onírico a los recién llegados, invitaron a descender por las escaleras del sueño. Cada vez a más profundidad. Cada vez más mortal.
Llegaron, tal y como había hecho el desaparecido, a una ciudad infestada de gatos. Intentaron cruzar despacio, entre ellos, mientras estos los miraban atónitos. Alerta. Un mal paso hizo que una cola fuera chafada, desatando la tragedia. Todos los gatos empezaron a maullar y de los cielos descendieron unas criaturas aladas, desfiguradas, del tamaño de personas y atacaron a los investigadores. Intentaron defenderse con todo lo que tenían a mano pero les superaban en número y al poco del inicio de la batalla, ambos investigadores despertaron sobresaltados. Julius los miraba e intrigado preguntó por el viaje. Tras la explicación comprendieron que no podrían volver a entrar, tal y como le había pasado a Edduard. Pero Julius sonrió, pues había encontrado la forma. La llave de plata abriría la puerta y, el hechizo aprendido en el libro encontrado, los guiaría hasta una madriguera,
Se adentraron en las faldas de la montaña y, una vez preparados, Julius recitó el salmo y un pinchazo cruzó por su sien, obligándole a cerrar los ojos del dolor. Cuando los abrió vio la salida de una madriguera, y la atravesó. Vio un paraje parecido al de la montaña donde ellos se encontraba; un fogonazo le nubló la visión y al volver en sí entendió el error en la traducción. El hechizo no mostraba la madriguera de un Gul; el hechizo te ataba a un Gul. Julius cerró el libro y, con cara de haber visto a la mismisima muerte gritó "Vámonos de aquí" y sin dejar que reaccionaran sus compañeros echó a correr. Volvían dirección a Brexton cuando algo entre la maleza les acechó. Los investigadores desenfundaron sus armas y esperaron. Un engendro con grandes garras y dientes emergió, ansioso, con la intención de comerselos. Los tres abrieron fuego pero, aun habiendo acertado, la criatura no se inmutó. Los ojos de la criatura se volvieron de un rojo intenso, parecían brillar entre el miedo y, sin poder controlarse, Agno descargó un tiro de su escopeta, acertando de pleno en la cabeza de uno de sus compañeros. Julius se desplomó sin vida.
Manson, ocupado por deshacerse de la bestia, no vio como los cañones del arma de su compañero biólogo le apuntaban a él. El disparo acertó de lleno en la espalda, dejando al agente como un colador. Tembloroso, con miedo en el cuerpo, Agno veía como sus brazos movían el arma poco a poco, encañonándose a si mismo. Lucho por controlar sus brazos pero, cuando la punta del cañón estaba apoyada en su mentón, su dedo disparó el arma. Fue la última vez que nadie buscó al desaparecido Harowl. El Gul se llevó los cuerpos y, con ellos, las pistas para encontrar a Harowl.
Pasado un tiempo de todo aquello. Tras la muerte de cinco niñas del municipio de Brexton, un cuerpo desnudo atravesó la puerta de la guarida de los Guls. Cruzando del mundo onírico al mundo de los vivos. Sus ojos, desencajados y su rostro demacrado, remarcaban su falta de cordura. Aquel ser había cruzado como un ser humano, pero lo que allí vivió no sabríamos explicar en que lo convirtió.
martes, 18 de agosto de 2015
El señor Kelson
“Ahora que ya conocéis vuestro cometido, id y encontrad
lo que preciso, tenéis cuatro días
para lograrlo, no me defraudéis.” Y dicho esto, la pira llameante que formaba
la aparición de Doppelgänger se apagó.
Sombra les indicó que, puesto que ahora ya trabajaban
juntos, no había razón para volver a vendarles los ojos y que podían irse
libremente. Los héroes comenzaban a marcharse cuando les dedicó unas últimas
palabras. “Si no sabéis donde obtener la información necesaria para hallar lo
que mi maestro os reclama, acudid a Kelson Thistton,
el dueño de los establos, ese hombre tiene ojos por todas partes.”
Los héroes asintieron y salieron del lugar, que para su
sorpresa, resultó ser una vieja destilería enana abandonada a las afueras de la
ciudad. Una vez ubicados, los héroes estudiaron el plan a seguir. “Bien, puesto
que soy el explorador, veo más razonable que sea quien se encargue de buscar
información sobre el dragón.” Expuso Élencor. “Yo me encargo del tarro, así
dejo en manos del mago el asunto del libro, que sin duda es más ducho que
ninguno de nosotros en asuntos arcanos - Se aventuró a responder Álesmir –
Puedo empezar preguntando al tipo de los establos que ha sugerido Sombra.” -
Concluyó. “Pues en ese caso yo acompaño al mago, por si sus conocimientos
fallan y necesita algo de músculos.” - Zanja Quarion, acabando así el reparto
de tareas. Contentos con la división de cometidos y sin darse cuenta de que su
trabajo en equipo comienza a ser notable, los héroes se separaron para cumplir
lo antes posible con su cometido.
Una cualidad esencial para un explorador es la
determinación y rapidez de actuación, así pues, en cuanto llegó a la plaza del
pueblo, Élencor se encaramó a una caja que allí se encontraba y con los brazos
extendidos vociferó la siguiente pregunta “¿Hay alguien aquí capaz de ayudar a
un intrépido explorador en su cacería de un dragón negro?”
Como ya se ha comentado, actuar rápido y con
determinación es algo esencial en un explorador, pero tal vez Élencor debió
haberse planteado que la plaza del mercado no es un lugar tan indicado como una
taberna para buscar un habilidoso mercenario. Sus palabras fueron respondidas
con miradas de asombro y pavor, algunos cuchicheaban sobre lo dura que debe ser
la demencia, otros rieron al verlo y las madres taparon los ojos a los niños
que señalan apasionados al valiente “busca-dragones”.
Decepcionado por el resultado obtenido, descendió de un
salto de la caja cabizbajo, dispuesto a marcharse abatido cuando recayó en la
presencia de una figura ante él.
“Con que
un dragón negro ¿eh? Hay que tener valor para eso, pero estás de suerte, puedo
decirte donde encontrarlos.” - Le dijo el desconocido - “¿y tú eres?” -
preguntó el elfo - “Kelson Thistton, a
tu servicio.” - A pesar de reconocer el nombre, Élencor prefirió no demostrarlo
- “Encantado. ¿De verdad puede decirme dónde encontrar un dragón negro por esta
zona?” Insisitió el elfo “Por supuesto, cerca de aquí, al sur, hay un pantano
que frecuentan esos bichos, además estamos en época de reproducción, por tanto,
es relativamente fácil toparse con alguno.” Respondió sonriente. Ambos se despidieron y Kelson comenzó a alejarse cuando de pronto Álesmir apareció, acaba de llegar al mercado cuando divisó a su compañero. “Vaya, siempre te pillo hablando con desconocidos, ¿Cómo ha ido el tema del dragón?” Soltó el guerrero. “Ese tipo me ha dado la información que necesitamos, hay un pantano cerca y parece ser que en esta época del año hay dragones negros por la zona. ¡Ah! por cierto, era Thistton, ¿Tú no lo estabas buscando?” El semi-elfo puso los ojos como platos y dejó escapar un gruñido al tiempo que sale corriendo tras el dueño de los establos mientras el elfo se dirige a la taberna riendo tranquilamente.
jueves, 13 de agosto de 2015
Expediente Edduard Harowl - La Llamada de Cthulhu (Parte 4)
Nuestros
investigadores se personaron en la casa de la familia Wayland . Tras presentarse y mantener una breve conversación con
los padres sobre su vecino desaparecido, pasaron a inspeccionar a la pequeña.
Bajo el pretexto de ser biólogo, Agno exploró a la niña. Toda conclusión que
pudo extraer era que la pequeña estaba falleciendo poco a poco. Era como si
algo le consumiera la vida muy lentamente. Sin saber muy bien qué hacer, los
investigadores decidieron quemar su única vía e ir en busca del libro que se citaba
en el diario de Edduard.
Tras unas cuantas charlas con la
responsable de la biblioteca y unas horas de inmersión entre tomos, dieron con
el libro que buscaban. Su lectura transmitía las mismas ideas inverosímiles que
el diario de Harowl. Únicamente añadió un nuevo dato a la investigación, el tal
Kuranes aseguraba que con un objeto adecuado y puro se puede entrar de forma
física en la Tierra de los sueños, eso sí, tendrían que encontrar el sitio
correcto desde donde acceder. Según aconsejaba, una madriguera de Gules era el
sitio más directo.
Desorientados. Perdidos en la
investigación, decidieron acudir a la fuente de toda información sobrenatural.
Al llegar a casa de Luií y ver que este no contestaba, decidieron probar a
entrar. La puerta estaba abierta y no dejaron pasar la oportunidad. Una vez
dentro de la casa encontraron al periodista tirado en el suelo, sujetando con
fuerza una hoja de papel. Enseguida reconocieron el fragmento, pues tenía el
mismo todo que las hojas del diario de Edduard. Tras tomar el pulso del
convaleciente Luií, y ver que seguía con vida, arrebataron la hoja y fueron a
por ayuda. El doctor estabilizó al amante de lo sobrenatural. Tras achacarlo a
un ataque de estrés, recomendó reposo. Luií volvió en sí y preguntó por la
investigación. Los investigadores, después de haber reprochado que robara el
fragmento del diario, lo pusieron al día. Ya se estaban marchando cuando el
señor Arth acabó de sincerarse; les envió a recoger un objeto que guardaba en
un pequeño cajón. Dicho objeto era una antigua llave de plata. Tenía grabado
las iniciales A.H.L. Todos coincidieron en que sería buen momento para hacer
otra incursión en casa del patrón. Al darse cuenta de la hora dejaron la visita
para otra ocasión.
Amaneció
y el pueblo de Brextón se despertaba consternado. La pequeña de los Wayland
había fallecido. Por si la noticia no fuera lo suficientemente desgarradora,
Britanny Hudson había empezado a desarrollar los mismos síntomas que Amy. Sus
padres se temían lo peor.
sábado, 27 de junio de 2015
¡Resolviendo la Freakencuesta!
¡Muy buenas a todas y todos!
Pues una vez ya recogidas las respuestas, y valoradas por el grupo, así quedan las cosas.
A la primera pregunta "¿Qué opinión tienen para ti los Semi-elfos?" las respuestas seleccionadas han sido:
Pues una vez ya recogidas las respuestas, y valoradas por el grupo, así quedan las cosas.
A la primera pregunta "¿Qué opinión tienen para ti los Semi-elfos?" las respuestas seleccionadas han sido:
Considero que los elfos son una raza interesante de jugar ya que, los
personajes con pasados complicados siempre lo son, y los semi-elfos lo son. Opino
que el cruce entre razas es algo complicado, y no muy bien visto; esto hace de
los semi-elfos seres repudiados con un pasado complicado, seguramente, al no
ser aceptados por sus familias. Sin embargo, detrás del personaje puede que
haya una historia de amor, como se ha puesto ahora de moda, mejor que
crepúsculo. Para mí, lo bueno de ser semi-elfo es jugar con el cómo superas el
hándicap de ser un “semi” y la historia detrás de tu nacimiento. - Noelicky.
Por una parte, son seres de bien, pues cuentan con las mejores
habilidades de ambas razas (son muy inteligentes, hábiles en muchas cosas, etc.);
en cambio características como la no-crianza de sus hijos/crías y el abandono
de las mismas, me parece una salvajada. Hay que hacerse cargo de tus
responsabilidades, si has tenido relaciones con un ser de otra especie, la
culpa no lo tiene el niño. - Ana.
A la segunda pregunta "¿Crees que los semi-elfos son aceptados positivamente por humanos y elfos?" las respuestas seleccionadas han sido:
Al ser los semi-elfos una raza híbrida normalmente no serán aceptados
por los elfos. En la mayoría de mundos los elfos son una raza muy
"estirada" por decirlo de alguna manera (como se nota que las letras
no son lo mío) y según en qué universo estén situados suelen mostrar un rechazo
hacia otras razas y ver como algunos congéneres se relacionan con una raza que
pueden considerar inferior no creo que sea de su agrado. Y en cuanto a los
humanos opino que igual dependen del universo en el que estén situados. En
mundos donde haya mucha relación entre diferentes razas normalmente los humano
suelen ser amigables con el resto (orcos absténganse) y no creo que hubieran
problemas pero en el caso que entre los humanos y las otras razas no hubiese
casi contacto y además existan conflictos no existiría una buena relación entre
los humanos y estos híbridos. - Vicent aka tiraflechas.
(En términos genéricos, siempre hay gente especial) Por los elfos no
creo. Son una Raza de clases y antigüedad. Para ellos los semi-elfos son unos
críos que morirán antes si quiera de llegar a adultos. Quizás puedan aceptarlos
cómo ayudantes o como ciudadanos de segunda. (En un mundo fantástico medieval.
Si es moderno la situación podría cambiar en función de la lucha por los
derechos que se hayan hecho) Por los
humanos creo que tendrían un poco más de aceptación debido a la peculiar
naturaleza humana. Las madres nos los dejarían pero la sociedad en general no
creo que sea muy abierta con ellos. Tendrían más opciones de vida y podrían
entrar a religiosos o hechiceros (mucho tiempo de estudio). Con las suficientes
revoluciones y un poco de suerte podrían ser muy valorados teniendo en cuenta
que pueden ser los mejores especialistas que hay. Una buena política humana
debería promover su aceptación para avanzar a la raza humana. Eso llevaría
posiblemente a un odio racial al tener mejor estamos llegados a un punto, por
lo que podrían atacarles y deshumanizarlos. No por su raza, si no porque viven
mejor. - Primeroderol.
Bueno, gente de Tardes de Rol, a la próxima disputa ya sabemos qué argumentos usar. Muchas gracias a todas y todos por participar. Nos leemos de más viejos.
miércoles, 20 de mayo de 2015
¡Freakcuestando! Primer debate
¡Buenas a todas y todos!Después de un tiempo de desconexión del rol (entre trabajos, prácticas y muy pronto exámenes) traigo aquí, para que nos echéis una mano (zarpa, ala, garra, etc.), un tema que hemos tratado varias veces en mesa (debatiendo en plena partida enviando a la ****** la trama y tensión de la estupenda partida que ha creado nuestro DM). Nuestro debate se ha centrado en "¿Los semi-elfos son una raza que no debería tener cabida en el mundo de la fantasía? y... ¿Creéis que humanos y elfos los desprecian?". Una vez expuesta nuestra preocupación nos interesa toda opinión que podáis compartir. Así que si tenéis un minutito agradeceríamos contestar este breve (pero intenso) cuestionario.
¡¡Gracias aventureras y aventureros!!
CUESTIONARIO FREAKCUESTANDO SEMI-ELFOS
P.D: Mejores Respuestas ^^
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Imaginación,
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rol,
semi-elfo
martes, 28 de abril de 2015
El misterio de Doppelgänger
Álesmir llama a la puerta de la capitanía del puerto, a pesar de las horas una voz le dice que pase. Es un viejo enano de barbas blancas que fuma una pipa quien le espera en el interior. Fiel a su costumbre, el semi-elfo saluda a su interlocutor en su lengua. “Vaya, un semi-elfo hablando enano, quién iba a decirlo.” El tono del enano expresa sorpresa en vez de desagrado (al contrario que con el herrero). “Estaba buscando información. Querría saber si una elfa llamada Tínfale salió por barco de la ciudad.” El enano se levanta tras dar varias caladas a su pipa y se dirige a unos cajones. De ellos extrae unos libros y tras un rato ojeando levanta la mirada de ellos. “No ha salido por barco chico. ¿Asuntos personales o de negocios.” “Personales.” Responde este apesadumbrado. “Bueno, entonces te recomiendo que hables con Kelson Thistton, el dueño de los establos. Nada entra o sale de esta ciudad sin que él se entere”.
Mientras Álesmir vuelve camino al banquete, una sombra se desliza a su lado. A pesar de no poder verla bien, entiende a la perfección el mensaje que ha susurrado en su oído. “Sombra os espera.”
El elfo y el eladrín llegan a la taberna donde se celebra el banquete al tiempo que Quarion – quien acaba de notar su ausencia – salía en su búsqueda. A lo lejos, los tres divisan al semi-efo corriendo hacia ellos. En cuanto esté los alcanza, les informa de lo ocurrido. Sombra les está esperando así que parten en dirección al río donde, dentro de una carreta, Sombra les espera impaciente. “Ya creía que no veníais.” Espeta mientras tiende unas vendas a los aventureros. “ponéoslas en los ojos.”
El carruaje traquetea y se mueve sin que ninguno de los cuatro pueda percibir nada del exterior, pues una fuerte magia bloquea sus sentidos. Cuando por fin se detienen, Sombra los guía por un sinfín de escaleras hasta un lugar frío y húmedo, donde finalmente les permite retirarse las vendas.
Al hacerlo, observan que se encuentran en una sala de piedra oscura, sin nada destacable.
Sombra se aleja un poco, saca un pergamino, lanza unos polvos al aire y de pronto, una enorme pira de fuego surge, en la cual, poco a poco, se va percibiendo la figura de un hombre. Doppelgänger.
“Bienvenidos, aventureros, os he traído aquí para solicitar vuestra ayuda en una misión que, de fracasar, pondría en peligro miles de vidas.”
“¿Qué sabes de los bandidos?” Grita Élencor enfurecido. “Dímelo”
“Mis conocimientos son muy extensos y podría facilitaros la información que buscáis cada uno de vosotros, pero lamento tener que retenerla en aras de lograr vuestra colaboración.”
“¿Entonces sabes dónde encontrar a Tínfale?” Es ahora Quarion quién habla, sin percibir la mirada de curiosidad que suscitado en su compañero semi-elfo.
“Como ya he dicho, puedo responder a todas vuestras preguntas, pero no hasta que la tarea que os tengo reservada sea resuelta.”
“Pues en eso caso, ves directo al grano.” Le insta Álesmir
“Está bien, Orcus, el príncipe oscuro, pretende invadir la morada de la reina cuervo y tomar el trono, aprovechando la época de las cosechas, momento en el cual los planos en los que habitan ambos se hallaran más cerca. Sombra ya me ha informado que habéis logrado infiltraros en la secta, pero que debéis superar una prueba.”
“Quieren que saqueemos una caravana dentro de tres días.” Responde el elfo.
“No cabe duda… El objeto que transporta esa caravana debe ser un cristal mágico. Orcus pretende usarlo para abrir un portal el tiempo suficiente para alcanzar a la reina cuervo. Pero no debéis preocuparos, vosotros seguid con la tarea que os han encomendado para ganaros su confianza, conseguidles el cristal y al mismo tiempo, traedme ciertos ingredientes a mí, pues conozco un ritual con el que podremos derrotar a Orcus.”
“Pero, ¿matar a un dios no rompería el equilibrio?” Pregunta Élencor.
“Sí, pero Orcus no es un dios, es un príncipe demoniaco, esa es la razón por la que no debe lograr sus objetivos, pues si la reina cuervo cae, el equilibrio también. Pero como ya os he dicho, conozco un ritual. Desgraciadamente, unos fatídicos sucesos me han debilitado y por tanto yo mismo no puedo obtener los ingredientes y es ahí donde entráis vosotros, traedme lo que necesito y detendremos a Orcus.”
“Un momento – interrumpió Álesmir - todo eso está muy bien, pero no me parece que darles ese cristal sea una buena idea, creo que necesitamos un plan B. Has dicho que ese Orcus lo necesita para mantener el portal ¿no? Pues yo propongo robarlo y esconderlo donde no puedan encontrarlo, pero al mismo tiempo, con ayuda de nuestro mago eladrín, crear una copia, así en caso de que ese ritual falle, tendremos otra oportunidad de arreglar el problema.”
“Debo admitir que pese a ser un semi-elfo, usas la cabeza” Elogió Élencor.
“De acuerdo” Dice la figura llameante. “Ahora anotad. Necesitaremos: El tomo prohibido de Vecna; resurrección de la tumba, un tarro hermético de vida y… un corazón de dragón negro.”
Mientras Álesmir vuelve camino al banquete, una sombra se desliza a su lado. A pesar de no poder verla bien, entiende a la perfección el mensaje que ha susurrado en su oído. “Sombra os espera.”
El elfo y el eladrín llegan a la taberna donde se celebra el banquete al tiempo que Quarion – quien acaba de notar su ausencia – salía en su búsqueda. A lo lejos, los tres divisan al semi-efo corriendo hacia ellos. En cuanto esté los alcanza, les informa de lo ocurrido. Sombra les está esperando así que parten en dirección al río donde, dentro de una carreta, Sombra les espera impaciente. “Ya creía que no veníais.” Espeta mientras tiende unas vendas a los aventureros. “ponéoslas en los ojos.”
El carruaje traquetea y se mueve sin que ninguno de los cuatro pueda percibir nada del exterior, pues una fuerte magia bloquea sus sentidos. Cuando por fin se detienen, Sombra los guía por un sinfín de escaleras hasta un lugar frío y húmedo, donde finalmente les permite retirarse las vendas.
Al hacerlo, observan que se encuentran en una sala de piedra oscura, sin nada destacable.
Sombra se aleja un poco, saca un pergamino, lanza unos polvos al aire y de pronto, una enorme pira de fuego surge, en la cual, poco a poco, se va percibiendo la figura de un hombre. Doppelgänger.
“Bienvenidos, aventureros, os he traído aquí para solicitar vuestra ayuda en una misión que, de fracasar, pondría en peligro miles de vidas.”
“¿Qué sabes de los bandidos?” Grita Élencor enfurecido. “Dímelo”
“Mis conocimientos son muy extensos y podría facilitaros la información que buscáis cada uno de vosotros, pero lamento tener que retenerla en aras de lograr vuestra colaboración.”
“¿Entonces sabes dónde encontrar a Tínfale?” Es ahora Quarion quién habla, sin percibir la mirada de curiosidad que suscitado en su compañero semi-elfo.
“Como ya he dicho, puedo responder a todas vuestras preguntas, pero no hasta que la tarea que os tengo reservada sea resuelta.”
“Pues en eso caso, ves directo al grano.” Le insta Álesmir
“Está bien, Orcus, el príncipe oscuro, pretende invadir la morada de la reina cuervo y tomar el trono, aprovechando la época de las cosechas, momento en el cual los planos en los que habitan ambos se hallaran más cerca. Sombra ya me ha informado que habéis logrado infiltraros en la secta, pero que debéis superar una prueba.”
“Quieren que saqueemos una caravana dentro de tres días.” Responde el elfo.
“No cabe duda… El objeto que transporta esa caravana debe ser un cristal mágico. Orcus pretende usarlo para abrir un portal el tiempo suficiente para alcanzar a la reina cuervo. Pero no debéis preocuparos, vosotros seguid con la tarea que os han encomendado para ganaros su confianza, conseguidles el cristal y al mismo tiempo, traedme ciertos ingredientes a mí, pues conozco un ritual con el que podremos derrotar a Orcus.”
“Pero, ¿matar a un dios no rompería el equilibrio?” Pregunta Élencor.
“Sí, pero Orcus no es un dios, es un príncipe demoniaco, esa es la razón por la que no debe lograr sus objetivos, pues si la reina cuervo cae, el equilibrio también. Pero como ya os he dicho, conozco un ritual. Desgraciadamente, unos fatídicos sucesos me han debilitado y por tanto yo mismo no puedo obtener los ingredientes y es ahí donde entráis vosotros, traedme lo que necesito y detendremos a Orcus.”
“Un momento – interrumpió Álesmir - todo eso está muy bien, pero no me parece que darles ese cristal sea una buena idea, creo que necesitamos un plan B. Has dicho que ese Orcus lo necesita para mantener el portal ¿no? Pues yo propongo robarlo y esconderlo donde no puedan encontrarlo, pero al mismo tiempo, con ayuda de nuestro mago eladrín, crear una copia, así en caso de que ese ritual falle, tendremos otra oportunidad de arreglar el problema.”
“Debo admitir que pese a ser un semi-elfo, usas la cabeza” Elogió Élencor.
“De acuerdo” Dice la figura llameante. “Ahora anotad. Necesitaremos: El tomo prohibido de Vecna; resurrección de la tumba, un tarro hermético de vida y… un corazón de dragón negro.”
lunes, 13 de abril de 2015
Expediente Edduard Harowl - La Llamada de Cthulhu (Parte 3)
No tardaron en encontrar a Julius y ponerse al día. El arqueólogo se asombró tanto, como lo habían hecho sus compañeros al escuchar la historia que relataba el diario del desaparecido Harowl.
Aquel pueblo empezaba a pasar factura a sus tranquilas y mortales mentes. Ciudades construidas en el mundo de los sueños. Un Freak de lo paranormal y fanático de los extraterrestres, que creía en civilizaciones más antiguas que la mismísima creación y, ¿cómo no? en entes divinos capaces de exterminar toda vida en la tierra tan solo con pensarlo. Pero lo peor de todo era que al avanzar la investigación la cordura y la sensatez iban perdiendo sentido.
La información del informe policial y la del diario no fue suficiente para trazar una nueva ruta en la investigación, a ciegas, tantearon las posibilidades que tenían y todo indicó a una única persona, el patrón de Edduard. Localizaron la mansión de Arnold H. Lovehigs sin dificultad alguna, pues era la única en todo el pueblo que hacía gala de esplendor, en contraste con el resto de casas de los trabajadores. El mayordomo del señor Lovehigs fue quien recibió a los curiosos investigadores, tras invitarles a esperar en el recibidor de la mansión, se perdió entre la inmensidad de los pasillos en busca del señor de la casa. Un anciano en bata apareció caminando lentamente, mientras guardaba su equilibrio ayudado por un bastón con empuñadura de marfil. Con un gesto de cabeza saludó a los desconocidos y extendiendo su mano se presentó; fue poca la información que extrajeron de aquella incursión. El desaparecido Edduard no era originario de la zona, se mudó con su tío, al parecer único pariente. Era taciturno y hombre de pocas palabras, hacía poco por hacer amigos, aun así, era apreciado en Brexton. Cuando enfermó a causa del estrés el señor Lovehigs se encargó de costearle los cuidados y medicamentos, así como asistencia cualificada de expertos en la mente y el comportamiento humano. El hombre alegó que aquella empresa era como una gran familia, y cada empleado y empleada eran como hijos o hermanos. Sin más que aquel anciano pudiera hacer se despidió de los investigadores, no sin antes invitarles a volver si lo creían preciso y facilitándoles la dirección del psiquiatra que trató a Edduard.
La desilusión anidó en los desalentados investigadores tras una reunión exprés de última hora, la cual no abrió nuevas vías de investigación, salvo que el señor Harowl tomaba fármacos experimentales, cuyos efectos secundarios eran, entre otros muchos, delirios y alucinaciones. Esto fue como un jarro de agua fría, pues todo lo que había contado el director de La Luz Primigenia, y que habían conseguido ir cuadrando con el fragmento de diario, quedaba relegado a la triste historia de un enfermo magnificada por un loco. Después de aquello decidieron irse a dormir para aclarar ideas. La decisión más acertada del día.
A la mañana siguiente El Cultivo parecía un criadero de nervios. Había más gente de la habitual, todo embadurnado de un gran revuelo; una figura se posaba imponente en la barra, mientras apuraba el café. Chareles, el dueño del bar, se acercó a los investigadores y les presentó al doctor Harold Grey. Este les explicó a que se debía todo el alboroto de buena mañana, pues la pequeña de los Wayland había caído inconsciente de forma repentina.
Aquel pueblo empezaba a pasar factura a sus tranquilas y mortales mentes. Ciudades construidas en el mundo de los sueños. Un Freak de lo paranormal y fanático de los extraterrestres, que creía en civilizaciones más antiguas que la mismísima creación y, ¿cómo no? en entes divinos capaces de exterminar toda vida en la tierra tan solo con pensarlo. Pero lo peor de todo era que al avanzar la investigación la cordura y la sensatez iban perdiendo sentido.
La información del informe policial y la del diario no fue suficiente para trazar una nueva ruta en la investigación, a ciegas, tantearon las posibilidades que tenían y todo indicó a una única persona, el patrón de Edduard. Localizaron la mansión de Arnold H. Lovehigs sin dificultad alguna, pues era la única en todo el pueblo que hacía gala de esplendor, en contraste con el resto de casas de los trabajadores. El mayordomo del señor Lovehigs fue quien recibió a los curiosos investigadores, tras invitarles a esperar en el recibidor de la mansión, se perdió entre la inmensidad de los pasillos en busca del señor de la casa. Un anciano en bata apareció caminando lentamente, mientras guardaba su equilibrio ayudado por un bastón con empuñadura de marfil. Con un gesto de cabeza saludó a los desconocidos y extendiendo su mano se presentó; fue poca la información que extrajeron de aquella incursión. El desaparecido Edduard no era originario de la zona, se mudó con su tío, al parecer único pariente. Era taciturno y hombre de pocas palabras, hacía poco por hacer amigos, aun así, era apreciado en Brexton. Cuando enfermó a causa del estrés el señor Lovehigs se encargó de costearle los cuidados y medicamentos, así como asistencia cualificada de expertos en la mente y el comportamiento humano. El hombre alegó que aquella empresa era como una gran familia, y cada empleado y empleada eran como hijos o hermanos. Sin más que aquel anciano pudiera hacer se despidió de los investigadores, no sin antes invitarles a volver si lo creían preciso y facilitándoles la dirección del psiquiatra que trató a Edduard.
La desilusión anidó en los desalentados investigadores tras una reunión exprés de última hora, la cual no abrió nuevas vías de investigación, salvo que el señor Harowl tomaba fármacos experimentales, cuyos efectos secundarios eran, entre otros muchos, delirios y alucinaciones. Esto fue como un jarro de agua fría, pues todo lo que había contado el director de La Luz Primigenia, y que habían conseguido ir cuadrando con el fragmento de diario, quedaba relegado a la triste historia de un enfermo magnificada por un loco. Después de aquello decidieron irse a dormir para aclarar ideas. La decisión más acertada del día.
A la mañana siguiente El Cultivo parecía un criadero de nervios. Había más gente de la habitual, todo embadurnado de un gran revuelo; una figura se posaba imponente en la barra, mientras apuraba el café. Chareles, el dueño del bar, se acercó a los investigadores y les presentó al doctor Harold Grey. Este les explicó a que se debía todo el alboroto de buena mañana, pues la pequeña de los Wayland había caído inconsciente de forma repentina.
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